De camino a Varsovia desde Berlín recalamos en Poznan, una ciudad que se desparrama alrededor de su magnífica plaza mayor, en realidad la Plaza del Mercado.
De gran belleza, como casi todas las urbes afectadas directamente por la segunda guerra mundial sufrió destrozos considerables, y muchos de estos edificios tuvieron que ser reconstruidos respetando fielmente el original; igual que la mayor parte de Berlín, vamos.
Recorrer la plaza, cerrada al tráfico, adoquinada y repleta de terrazas (de eso hablaremos después) es todo un espectáculo, de día y de noche animada y llena de gente.
Obviamente, además de terrazas hay comercios de todo tipo, puestos con souvenirs y lo que uno se puede imaginar de un lugar turístico, incluida una oficina de información donde te atienden incluso en español.
En la mismísima plaza nos encontramos con nuestra amiga Marian, que se encuentra por estas tierras también de intercambio de vivienda en Cracovia, acompañada de sus sobrinos Clara y Yago. 
Con ellos comimos en una de las terrazas, el restaurante de la dos cabras, el símbolo de la ciudad, comida típica polaca, of course, que nos encantó y a unos precios que la hacen todavía más atractiva.
Megabarato para nosotros. Con ellos volveremos a encontrarnos dentro de unos días en Cracovia, donde nos darán alojamiento.
El de arriba es el hotel en el que nos alojamos, Don Prestige Residence, nuevecito y de calidad, y al igual que los restaurantes, a precio más que competitivo.
A lo largo de la tarde dimos unas vueltas por la ciudad y nos acercamos a la catedral, curiosamente situada extramuros y al otro lado del río Varta.
El templo original era prerrománico, después hubo otro románico hasta llegar al actual gótico tras sucesivas transformaciones ligadas a las vicisitudes de la ciudad.
Visitamos la cripta.
Como allí se convirtió el rey Mieszko I en el año 968 se le considera clave en la extensión del catolicismo en Polonia, uno de los países más católicos del mundo.
Hacía mucho calor y depués de un paseo por el parque, en el que hicimos un poco el tonto y en el
que hay ya pocos restos de la antigua ciudadela, terminamos, como no, de nuevo en la plaza y hubo quien recurrió al socorrido helado que según se ve no estaba nada mal, con galleta-corazón incluída.
Y eso que Marian, con lógica arquitectónica purista, suspiraba por una plaza sin terrazas, una evidente agresión panorámica... pero sin las cuales allí no podríamos sentarnos cómodamente a la sombra a ver pasar el tiempo y a la gente holgando como buenos turistas sin prisa. Una tienda como del pasado...
Por la noche, ya solo nosotros pues Mariam & sobrinos se encaminaron hacia Wroclaw, nos acercamos a conocer la plaza iluminada y en ambiente nocturno, si cabe aún más agradable y con terrazas con músiva en vivo.
A ello contribuía el calor de una jornada con unos 30 grados. Lo que se ve al fondo es el ayuntamiento histórico, hoy museo, que visitaríamos al día siguiente.
Y entre las curiosidades de la ciudad, grandes zapatos publicitarios y una pegatina muy próxima para nosotros.
También visitamos en el segundo día el lago Malta, situado en el exterior de la ciudad pero muy próximo, sin duda un pulmón para el ocio veraniego.
A la vuelta del lago, probamos los vetustos tranvías.
En el museo conocimos datos de una ciudad, hoy la quinta en población de Polonia (560.000 habitantes) y una urbe universitaria con 140.000 estudiantes. También es un importante centro fabril y el paro en esta zona es el menor de toda Polonia. En el lejano 1956 se produjó aquí un movimiento huelguístico contra el régimen comunista y la influencia soviética se zanjó con una sangrienta represión pero dejó huella.
Durante muchos años formó parte de Prusia y del imperio alemán, por lo que influencia germana es muy fuerte entre sus habitantes, lo que a día de hoy genera resquemores en otros puntos del país, según nos enteraríamos posteriormente en Varsovia.
En el museo vimos estampas pictóricas de la plaza en otros tiempos, si cabe todavía más bonita ya que no estaban dos edificios horrorosos de la etapa comunista que no entendemos como no han sido eliminados, pero allí siguen, aunque evitamos su contemplación.