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sábado, 20 de julio de 2013

(4) En la sede de la Gestapo




Prinz Alberchtrasse, 8. En tiempos fue un teatro y después se convirtió en la sede central de la Gestapo. El inmueble desapareció en los bombardeos finales de la guerra, la calle ha cambiado de nombre y, además, alberga ahora el museo central de Berlín en el que se denuncian/describen los crímenes del nazismo. La parcela esta bordeada por un muro, bueno, más concretamente por uno de los tramos largos del muro que se mantienen, y la visión es la de la foto: una docena de grúas a lo lejos dejando claro que ambos tiempos han pasado y que la ciudad está en plena efervescencia económica y constructiva.


De camino nos pasamos por el Mauer (Muro) Park donde los domingos se instala un mercadillo al estilo del Rastro madrileño. Esto es, cientos de puestos, miles de personas, ropa y cachivaches de todo tipo. Por la tarde se monta un karaoke gigantesco en una especie de auditorio pero no aguantamos ni la masa de gente ni el calor intenso en un parque bastante descuidado (no es nada raro en los parques de Berlín, que por lo general están "a monte") y seco, tras semanas sin caer una gota.


Cerca de lo que hoy es el museo denominado Topografía del Terror hay una exposición de viejos cacharros, los típicos "trabis", previsiblemente de los fabricados en la Alemania del Este, algunos todavía los hemos visto circular y se alquilan en plan turístico. Parecen casi los primos pobres de nuestro 600, ahora convertidos en piezas de museo.



Y justo enfrente, el actual Ministerio de Finanzas, un molote en el que se inspiraron en el franquismo para construir los Nuevos Ministerios de Madrid, parentesco más que evidente. Lo que se ve en la foto, además, es la parte exterior de la exposición, el muro que pasaba justo por allí, y los cimientos del edificio de la Gestapo.



En el contenido no merece la pena entrar, es de sobra conocido. Solo apuntar que es una exposición muy recomendable, estructurada y didáctica, aunque no hay audioguía ni visita en español. Forzosamente sales de allí con el corazón encogido.

Aunque son paneles esquemáticos, aborda la etapa previa al nazismo, todo su desarrollo, la guerra, el exterminio de los judíos, lo que sucedió en todos los países conquistados, los juicios posguerra, etcétera, vamos que ocupa varias horas.

Sin embargo, se pasan volando y lo más destacable son las fotografías, muchas conocidas, que provocan un gran impacto y la pregunta de siempre: ¿Cómo fue posible semejante barbaridad? Los alemanes por lo menos se lo preguntan; en otros países que han sufrido dictaduras (obviamente ninguna como esta) el asunto es casi tabú y una exposición de este tipo, inimaginable.

Con cierto retraso sobre el horario habitual, o sea que era muy tarde, buscamos un sitio para tomar algo. En Berlín eso se puede hacer a cualquier hora del día y  un museo anexo, el Martin Gropius,  contaba con una terraza bajos los árboles donde nos tomamos salmón, con una especie de tortilla de repollo, verdura típica de aquí, y una polenta. Rico.



La siguiente etapa fue la Potsdamerplatz, un sitio al que teníamos ganas de ir por la fama que le ha dado el edificio Sony y el conjunto de rascacielos, todos obra de renombrados arquitectos . Justo por medio pasaba también el muro (es increible, aparece por todos lados) y tras la reunificación en esta plaza se han construido unos rascacielos de lo más llamativo, aunque al parecer no tienen nada que ver con la configuración original de la plaza que, casualmente, todos los berlineses, del este y del oeste, consideran como propia ya que en realidad la compartían.

El edificio de arriba se ha diseñado generando en medio una gran plaza cubierta, y en la cúpula cuenta con una especie de toldos, suponemos que para el sol, aparentemente sencillos pero muy complicados de ejecutar, según cuentan las guías. Está lleno de cafeterías, cines y tiendas, sus dimensiones, esta plaza y todo el recinto, son enormes, y merece la pena conocerlo. Es obligado.

En la Potsdamer aparecen también estas tuberías, casi fijas en cualquier sitio donde haya obras en Berlín. Motivo: la ciudad y toda esta zona está asentada sobre áreas pantanosas y a nada que se excave aparece agua. Por eso tienen que drenarla para poder trabajar, y por esta vía la llevan al río.

Estos días también nos hemos acercado al tramo grande del muro que sigue en pie de forma definitiva y que se ha quedado con el nombre de la East Side Gallery. 
 
Allí han aprovechado para que lo diseñen grafiteros y hay dibujos y mensajes de todos los calibres y estilos.
 
Algunos verdaderamente interesantes.




En una zona del muro se ha utilizado también la trasera como exposición de fotos... de otros muros. Alli aparece el construido por Israel en Cisjordania (en la foto) y los de Nicosia (Chipre), Belfast, el de Estados Unidos con México, el existente entre las dos Coreas... y dos de España. 
 
Flipamos al ver uno con una furgoneta de la policía española y era el muro de la frontera de Ceuta. Después aparecía también el de Melilla. Tenemos el dudoso honor de aparecer en este ránking.





Y para desengrasar, visitas a patios, sí, patios. En esta enorme ciudad es habitual que las manzanas de edificios tengan patios interiores pero con vida: portales, tiendas, callejuelas, y que a su vez te lleven a otro patio y muchos con zonas verdes y árboles. 
En el de arriba nos llamó la atención que los vecinos habían decidido huir de la uniformidad en el asunto de los buzones. El siguiente es uno de los más famosos, el Hackesfer Hofe, alicatado en estilo jugendstil y acuden (acudimos) los turistas a verlo. 
 
Nada menos que comunica con otros siete patios y aquí hay grandes cafeterías, teatros y tiendas de nivel. Sin embargo, cuando se construyeron en su interior vivían las familias más pobres que no podían acceder a una vivienda que diera a la calle. También había carbonerías y tenduchos, nada parecido a lo de hoy.



En la entrada, en el suelo, hay unas plaquitas del tamaño de un adoquín que recuerda a personas, judíos con toda seguridad, que vivían allí y fueron deportados a Auschwitz, el campo de los campos de exterminio que pensamos visitar cuando estemos en Polonía.

Muy cerquita, a unos cientos de metros, se erige lo que queda de la que fue la sinagoga central de Berlín, la Neue Sinagoga, construida a mediados del siglo XIX (el propio Bismark acudió a su inauguración) y destruida parcialmente por los nazis en 1938. Ahora es un museo que recrea su historia.

Entrar es sencillo, pero hay que someterse a un detector de metales y pasar por un escáner las pertecencias, como en un aeropuerto. Fuera, y en el patio, hay vigilancia policial permanente, y la puerta y los cristales son blindados. No nos lo explicamos. ¿Habrá nuevos nazis que quieran destruirla por segunda vez? El edificio, lo poco que de él se conserva y en el que no pudimos hacer fotos, es interesante y debió algo así como una catedral para los católicos.

viernes, 19 de julio de 2013

(6) Mezclando turismo e historia nazi


Un recorridito en barco por el Spree, el río de Berlín, es recomendable. Existen varias opciones y nos decantamos por la que sale un poco fuera de la ciudad y dura 3 horas. Las distintas compañías parten del mismo punto, en el centro, junto a la catedral (protestante, claro, como la mayoría de la población aquí; en la zona sur son mayoría los católicos).


Pero como uno dispone y ni se sabe quién decide, o algo parecido, una huelga del personal de la exclusa que deben atravesar estos barcos nos obligó a quedarnos con la ruta corta, por el centro de la ciudad, en la que pasamos por el barrio gubernamental y cerca de muchos edificios conocidos. Había audioguías en castellano y eso nos facilitó recibir la información.

El de arriba era el Reichstag, en tiempos de Hitler, y el Parlamento ahora. Habíamos reservado la visita a la cúpula (de Norman Foster) para el sábado por a tarde, pero hacía tanto calor que la suspendieron. Es de cristal y con estos días de tremendo calor (ayer unos 36º) allí debía hacer 50º o incluso más. El arquitecto reconstruyó la parte dañada en la guerra y lo hizo con una cubierta transparente y visitable, en evidente alusión a lo que debe ser actividad política, incluso hay allí un restaurante. El edificio de la foto inferior es el de la estación central de Berlin.



Y en todo momento enjambres de grúas a la vista, lo mismito que en España... hace años, por supuesto.


Y en la foto de arriba, la oficina de Ángela, que no es una amiga de aquí sino la mismísima Merkell que, según nos contaron sigue viviendo en su piso de toda la vida en Berlin este, cerca de la isla de los Museos. Cruzando el río por un puente peatonal tiene un helipuerto a su servicio.
La siguiente imagen es de otro de los edificios gubernamentales, frente al parlamento. Arquitectos de postín han participado y participan en la reconstrucción incesante de la ciudad.




En el tour vimos más oficinas del Gobierno, palacios, sedes de televisiones y cosas de este estilo. Teniendo en cuenta que la ciudad quedó destruida en un 60% han tenido mucho gusto a la hora de rehacerla. 

Y sitio tenían de sobra, sin duda: con solo 3,5 millones de habitantes ocupa 900 km. cuadrados, la mayor de Europa por encima de urbes como Londres, que más que la duplica. Y también presumen de tener más puentes que Venecia.


Desde el barco se veían las cúpulas de la iglesia de San Nicolás, un templo ahora convertido en museo, al que rodean unas calles que son las más antiguas de las conservadas. Lo llaman barrio pero no llega a tanto, aunque es un rincón muy agradable y con sabor, lleno de tiendas y restaurantes.




En esta foto, Juanma "sostiene" la torre de la televisión de la Alexander Platz, icono de la República Democrática.

Y para un toque más profundo al día nos encaminanos a la sede de la Stasi, el conocido Ministerio de Seguridad de la República Democrática, la piedra angular del régimen comunista que tenía controlados a sus habitantes con 100.000 funcionarios y 200.000 informantes.

Un complemento ideal para esta visita es revisar la conocida película "La vida de los otros", que en su momento nos encantó y ahora, conociendo el grisáceo complejo desde el que se dirigía la Stasi, muchísimo más.



Se visitan tres plantas del edificio principal y estos son los despachos del ministro y sus principales directivos. Aparecen tal cuales en la película.

En sus menos de 40 años de existencia tuvo tres ministros, pero uno de ellos, Erich Mielcke, ocupó el cargo unos 30. Debía ser un complicado de caray: este es el croquis que le hizo a su secretaria sobre como quería el desayuno: no solo el menú sino la colocación de cada utensilio.


Forzosamente no era normal, por el cargo principalmente pero también por los síntomas que denotan estos comportamientos.



Obviamente, también se habla del muro, pero principalmente de sus métodos de "trabajo" y de investigación y control. De esa época preinternet hay docenas de ejemplos de cámaras y micrófonos colocados en los lugares más insospechados, con tamaños a veces impensables. Se esforzaban lo indecible para j. a sus conciudadanos, aunque oficialmente decían defender al pueblo alemán de la agresión imperialista de Occidente. 
 
La de arriba es una muestra: una minicámara para colocar en el abrigo y con del objetivo disimulado con un botón. Otras las metían en papeleras, bolsos y casi en cualquier sitio.
La que sigue es una aparente furgoneta de reparto y en realidad un furgón disimulado para el transporte de detenidos. De esta forma no llamaban la atención.

Para completar la tarde de temas tristes del pasado nos acercamos al "pabellón de las lágrimas", junto a la estación de tren de Fiedrichstrasse. Esta era una terminal que hacía de frontera, en el lado comunista, para los viajes al lado occidental, o viceversa. Los berlineses del Oeste que iban a la zona Este pasaban allí los controles y se despedían de sus familiares y amigos, normalmente en medio de un mar de lágrimas, de ahí el nombre popular con el que se le conocía.



La exposición está muy bien resuelta, es gratuita (como otras muchas sobre el período nazi o de la guerra fría) y te dan audioguías en español. Logran que te sumerjas en el ambiente de los años 50 y 60... bueno y 70 y 80.


Especial crudeza tiene el relato del momento en el que se presentaba el pasaporte al guardia de turno, tras horas de cola, metido en un mostrador-cajón, a una altura inferior con agentes instruidos para actuar con rudeza y despotismo.




Allí explican como la Stasi controlaba la estación al dedillo con cámaras y sus agentes seguían a los que llegaban, de forma ordenada o incluso aleatoria. 

Un gustazo de vida la de los pobres alemanes orientales; pese a todos los problemas que hubo después, casi hay que felicitarlos de que no destruyeran el muro para apedrear a sus anteriores dirigentes.

En medio de la ola de calor que nos está tocando, al día siguiente decidimos irnos a otro lago de los alrededores. No tenemos coche, pero el transporte público funciona muy bien y la operación es sencilla. Elegimos el Wansee, cerca de Potsdam.


Lo de bañarnos fue tal vez lo más complicado. Como ya relatamos, el litoral está privatizado y es preciso encontrar un hueco libre, y no hay muchos. Al final lo logramos y resultó un pequeño alivio en un día asfixiante.

En el baño lo fácil es ir a una de las zonas públicas acotadas, pero claro, preferíamos un lugar para nosotros solos y eso es lo complicado.

Lo que sí resulta fácil y más bien barato es comer a cualquier hora casi en cualquier sitio. Nosotros junto al lago y a la sombra, y sin apreturas.


Presenciamos escenas curiosas, como la que sigue, de un señor en un Audi descapotado y su curiosa acompañante que venía de remojarse en el lago.
 
 Y este curioso artefacto flotante para darte el gusto de tomarte una parrillada en medio del lago.

Antes de marcharnos visitamos Villa Minoux, la magnífica casita de campo donde en 1942 un grupo de jerarcas nazis decidió aplicar la "solución final" para terminar con los judíos. Es increíble que en este marco idílico pudiera llegarse a una aberración semejante, pero así fue.



Es de nuevo un museo sobre todo el asunto judío, aunque después de haber visitado tantos nos centramos en el asunto de la famosa Conferencia de Wansee. Como llegamos media hora antes de cerrar tampoco hubo tiempo para más. A la salida, el lago y el calor aconsejaron un nuevo bañito en las inmediaciones.