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miércoles, 24 de julio de 2013

(1) Primeras impresiones de una ciudad atormentada

 Después de cuatro años de interregno hemos vuelto al sistema de intercambio de viviendas. Estábamos un poco oxidados tras este descanso y nos ha costado ponernos al día, pero aquí estamos. Muchas veces habíamos intentado intercambiar con Alemania y al final lo conseguimos casi de rebote. Fue la única oferta de este país y la aceptamos. Ahora mismo están en nuestra casa Tanja y Ahmet, con sus dos hijos, Yunus y Selma. Y nosotros en su vivienda, cuya fachada tenéis delante.

Estamos en un barrio conocido, Kreuzberg, de fama bohemia y multicultural a tope con una gran población turca. Nos sorprendió el vehículo que utilizan los carteros, una especie de bici-moto, y que no se quejen los de España: suben las cartas a los domicilios ya que cada uno tiene el buzón en su puerta. Sorprendente, sobre todo teniendo en cuenta que muchas casas, como la nuestra, no cuentan con ascensor.


Nuestros anfitriones nos han dejado un vetusto vehículo, un Saab de 23 años, automático y descapotable, al que aún no le hemos metido el diente ya que para moverse por la ciudad no tiene sentido. Pero como también contamos con un bungalow en las afueras, junto a un lago, la semana que viene lo intentaremos. Igualmente nos han dejado unas bicis estupendas que sí pueden ser una buena alternativa de transporte ya que por algo es masivamente utilizada por los berlineses. Pero de momento, estamos adaptándonos al funcionamiento del metro y del bus y día de éstos las sacaremos de paseo.


La presencia de turcos es palpable en toda la ciudad (unos 500.000 de un total de 3,5 millones) y ya el primer día vimos a estas cuatros señoras charlando en el parque junto a casa, en la Oranienplatz. Y hacía calor, ya que rondamos los 30 grados desde que llegamos pero no es agobiante pues la humedad es muy baja.





Paseando por una ciudad tan internacional topamos frente a un edificio los bustos de estos jerarcas (Bush, Khol y Gorbachov) y también un edificio del periódico francés, muy curioso.

Ansiosos por sumergirnos en una urbe que estuvo dividida en dos durante casi 30 años, separada por un muro y dos regímenes antagónicos, el primer paseo nos llevó al "chekpoint Charlie", el punto "fronterizo" más importante de los siete que había en la ciudad cuando en realidad eran dos, el Berlin Oeste, de la República Federal Alemana y el Berlín Este, comunista, capital de la República Democrática Alemana. Hay varios museos explicando la historia del muro y lo que significó y entramos en uno de ellos.




En la imagen inferior puede verse como era en realidad el trazado del muro en Berlín, en realidad dos muros, uno en cada lado, todos del lado comunista, y en medio barreras de todo tipo, obstáculos antitanque, torretas, etcétera. Y por supuesto guardías que disparaban al que intentara huir. Y no era una amenaza: unos 255 fallecieron al intentarlo.



Aunque tuvo 165 kilómetros de longitud para rodear completamente Berlín Oeste ya prácticamente no queda nada: se han mantenido algunos tramos pequeños y también algunas piezas sueltas, como estas junto al checkpoint Charlie decoradas por grafiteros.


La siguiente, recoge una imagen histórica de la gente ocupando el muro en los días de su caída, hace solo menos de un cuarto de siglo.

En estos primeros días también hemos recalado en la puerta de Brandeburgo, en su día límite de la ciudad y hoy centro neurálgico. Quedó del lado comunista pero el muro discurría a unos pocos metros.



Construida a finales del siglo XVIII, unos pocos años después Napoleón se llevó la estatua a París. La excursión duró poco pues en 1814, tras su derrota, fue devuelta a su emplazamiento, pero con algunos cambios.



Lo que al principio era la diosa Irene, la de la paz, se convirtió al regreso en la diosa Victoria. Y no solo eso, la plaza a la que mira se bautizó como de París y la nueva diosa Victoria, mira directamente al emplazamiento de la embajada francesa. ¿Queda claro el mensaje?


A unos cientos de metros se encuentra el Parlamento, el antiguo Reichstag, incendiado en 1933 presumiblemente por los nazis y que sirvió de excusa a Hitler para asumir poder dictatoriales. Fue reconstruido y cuenta con una cúpula de cristal que es visitable, pero con unas colas de espanto. Decidimos reservar la visita por internet y nos toca el 27 de julio. Ese día ampliaremos datos.


Y un detalle curioso: el muro ha desaparecido casi en su totalidad, pero para que no se olvide la historia, se mantiene esa doble fila de adoquines como recuerdo en su emplazamiento.



Otra imagen del Reichstag.



En este primer acercamiento a la ciudad también hemos recalado en la Alexanderplatz, que era el eje de la ciudad comunista. Allí existe esta curiosa fuente, denominada de la amistad de los pueblos.

Y este reloj del horario mundial. Ambos producto de la reforma de la plaza en la etapa comunista ya que se convirtió en el centro del nuevo Berlin




Y como curiosidad, este sorprendente bar ambulante, claro está, de salchichas (currywurst), en el que el pobre camarero lleva a cuestas todo el negocio.



Y lo más famoso de la Alexarderplatz, la torre de televisión, de 365 metros de altura, obra de "ingeniería socialista" y desde la que se divisa un horizonte de 40 km. de radio.

 El régimen la construyó en su calculada competencia con el otro lado y para que fuera la mayor de la ciudad.




Y no nos olvidamos del memorial de los judios contruidos por el arquitecto Peter Eisenman, un total de 2.711 cubos de hormigón, todos con la misma base pero distinta altura y ubicados en una parcela de 19.000 metros cuadrados junto a la puerta de Brandenburgo.

Su genésis fue muy polémica y el arquitecto estuvo a punto de dejarlo. Motivo: un periódico suizo informó que la empresa fabricante de la sustancia antigrafiti que recubre los cubos, Degussa, tenía una filial que en la segunda guerra mundial elaboró el zyklon B, el gas de la cámaras de exterminio nazis.


Esto provocó un gran revuelo político y social, y encendidos debates incluso en el parlamento.


Finalmente todo siguió adelante, pero sin el consenso deseable en este tipo de proyectos.
Lo cierto es que, polémica aparte, el conjunto es cuando menos sorprendente y un punto sobrecogedor. El caso es que otros grupos también masacrados por el nazismo, como los gitanos, homosexuales..etc han querido también tener su memorial, lo que ha hecho que en Berlín haya nada menos que 121 que recuerdan a aquellas víctimas.

Y para cerrar el capítulo, una imagen de un tramo de muro.


Y la catedral de la ciudad, en medio de la cual aparece la torre de la televisión. 
Se aprecia que el reflejo del templo forma una cruz sobre la bola de la torre, lo que se consideró una "venganza" sobre una obra clave del régimen prosoviético. El reflejo del sol forma la cruz en cualquier circunstancia. El chascarrillo nos lo contó nuestro guía del freetour, que aparece en la primera foto del memorial de los judíos. Este sistema de tour, en español, permite una visita guiada y al final le pagas lo que te parezca al guía, aunque sugieren 10 euros per cápita. Tiene un gran éxito, lo hay en varios idiomas y el día que fuimos para el de español éramos unas 140 personas, que nos dividimos en cuatro grupos. El chico es un madrileño que está haciendo el doctorado de Derecho aquí y lleva tres años con este sistema de ganarse la vida. Le queda poco pues cuando se la aprueben la tesis dará clases en la universidad.

martes, 23 de julio de 2013

(2) El milagro de los "tuneleros"



 El chico que se ve en la estatua superior y en la fotografía inferior se llama Conrad Schuman y tenía en ese momento 19 años.
Era el 15 de agosto de 1961 y fue el primer soldado de la República Democrática en fugarse en Berlín. La división de la ciudad se había llevado a cabo solo dos días antes con rollos de alambre de espino y el muro empezaría a construise de inmediato.
Cuentan que un periodista que estaba en el lado Oeste notó su nerviosismo y lo enfocó, con tanta suerte que pudo inmortalizar el momento de su fuga. Ocurrió en la Bernauer Strasse, una calle en la que hemos estado y visto el lugar.




 En realidad lo que hicimos el otro día fue un tour guiado en el que explican lo que supuso el muro en la ciudad y relatan la historia de los túneles que hicieron aquellos arriesgados que querían escapar al lado occidental casi siempre con sus familias ya que los que las dejaban sabían que iban a pagar las consecuencias.
 
Te explican los túneles y otras formas de fuga. Fueron casi tres horas de interesante conferencia en el subsuelo. En las imágenes  que no pudimos hacer directamente, se ven algunos de los que tienen certificados, unos 60, no muchos en casi 30 años y en una urbe dividida de varios millones de habitantes. Los comunistas fueron eficaces y si bien no sellaron la ciudad, limitaron al máximo las deserciones, eso sí, utilizando métodos brutales.


 La clave de la división fue la certeza de que Alemania Occidental estaba ganando la partida y que la gente más cualificada se estaba yendo de la Alemania Democrática. La decisión, salomónica, fue el muro. Sin previo aviso en una noche de sábado miles de soldados cercaron la zona occidental, instalaron controles y prohibieron entrar y salir.

 Las consecuencias son imaginables: familias divididas, fábricas, como Siemens, que se quedó de golpe sin 4.500 trabajadores y la división de una ciudad. Todo ello espoleó la imaginación y las ansias de fuga, que se concretaron por vías de lo más curioso: por las alcantarillas, utilizando pasaportes de otras personas y por los túneles. Pasados un par de años se autorizaron las visitas, pero siempre eran los del Oeste los que podían ir al lado comunista, nunca al contrario por motivos obvios. Y la red de metro funcionó de la siguiente forma: las tres líneas que estaban completas del lado comunista, en esa parte, pero las del Oeste (con forma de cruasán) para ir de un lado a otro forzosamente atravesaban el Berlín Este. En esas estaciones no podían parar y a cambio del servicio pagaban por el mantenimiento de la red en esas zonas de "estaciones fantasma". Las terminales estaban vacías y en la reunificación se comprobó que estaban degradadas tras 30 años de abandono. Y aún así, vigiladas por el ejército, parejas de soldados que no eran nunca de Berlín, que no se conocían entre ellos y con infiltrados de la stassi. Para evitar riesgos.

En el tour se visita el lugar donde finalizó uno de los túneles y se muestran esquema de los más famosos. El guía también relata las dificultades de estas operaciones en el que la policía del país no se andaba con chiquitas y disparaba o lanzaba granadas a su interior cuando sabía que estaban allí. De hecho, hubo muertos en el intento y los capturados a la cárcel. En muchos casos los involucrados en la construcción de los túneles fueron estudiantes de ingeniería que sin duda aprovecharon para hacer prácticas y, sobre todo, ayudar a muchos de sus compañeros y también novias y familias que quedaron súbitamente atrapados en el este.
Además de la variada casuística, lo más relevante es que en el tour te sumergen en lo que podía ser la vida cotidiana en esta situación, y como cuando alguna fuga tenía éxito el gobierno comunista rápidamente tomaba nota y ese sistema quedaba bloqueado. Pese al terror hubo arriesgados que lo consiguieron, incluido un grupo de jubilados que engañaron a la policía política, la stassi, y se fugaron en grupo.También contaron el caso de 15000 matrimonios que se calcula que quedaron separados porque por causa de la crisis muchas parejas se dividían para dormir en casa de sus madres.
 

 Acabado el tour y después de tres días por el lado Este decidimos explorar la parte occidental. Elegimos la zona más comercial, el Kurfursterdam, con bulevares y tiendas de marca, incluso vimos, y Juanma utilizó, un urinario callejero de lo más simple, aunque a diferencia de los de Amsterdam, resguardado de mirones.

 El oso, el emblema de la ciudad, sin madroño, claro, está por todos los lados, incluso en plan cuádriga.

 Y también esta impresionante tienda de Apple, enorme y con mesas donde puedes probar el Iphon5 o cualquier otros producto de la famosa marca. Todos conectados y listos sobre las mesas y cerca de 40 empleados a tu disposición para darte explicaciones.

 No menos impresionante desde el punto de vista tecnológico la habilidad de este mimo para levitar. 
 
Te imaginas como lo consigue, pero mérito tiene un rato. Finalmente, rematamos en los grandes almacenes KaDeWe, toda una institución en Berlin, sobre todo por toda una planta dedicada a todo tipo de delicatessen que te hacían salivar nada más entrar. Un lujo para cierto sentidos y muy popular, a precios no tan disparatados como en Harrods, por ejemplo.







sábado, 20 de julio de 2013

(4) En la sede de la Gestapo




Prinz Alberchtrasse, 8. En tiempos fue un teatro y después se convirtió en la sede central de la Gestapo. El inmueble desapareció en los bombardeos finales de la guerra, la calle ha cambiado de nombre y, además, alberga ahora el museo central de Berlín en el que se denuncian/describen los crímenes del nazismo. La parcela esta bordeada por un muro, bueno, más concretamente por uno de los tramos largos del muro que se mantienen, y la visión es la de la foto: una docena de grúas a lo lejos dejando claro que ambos tiempos han pasado y que la ciudad está en plena efervescencia económica y constructiva.


De camino nos pasamos por el Mauer (Muro) Park donde los domingos se instala un mercadillo al estilo del Rastro madrileño. Esto es, cientos de puestos, miles de personas, ropa y cachivaches de todo tipo. Por la tarde se monta un karaoke gigantesco en una especie de auditorio pero no aguantamos ni la masa de gente ni el calor intenso en un parque bastante descuidado (no es nada raro en los parques de Berlín, que por lo general están "a monte") y seco, tras semanas sin caer una gota.


Cerca de lo que hoy es el museo denominado Topografía del Terror hay una exposición de viejos cacharros, los típicos "trabis", previsiblemente de los fabricados en la Alemania del Este, algunos todavía los hemos visto circular y se alquilan en plan turístico. Parecen casi los primos pobres de nuestro 600, ahora convertidos en piezas de museo.



Y justo enfrente, el actual Ministerio de Finanzas, un molote en el que se inspiraron en el franquismo para construir los Nuevos Ministerios de Madrid, parentesco más que evidente. Lo que se ve en la foto, además, es la parte exterior de la exposición, el muro que pasaba justo por allí, y los cimientos del edificio de la Gestapo.



En el contenido no merece la pena entrar, es de sobra conocido. Solo apuntar que es una exposición muy recomendable, estructurada y didáctica, aunque no hay audioguía ni visita en español. Forzosamente sales de allí con el corazón encogido.

Aunque son paneles esquemáticos, aborda la etapa previa al nazismo, todo su desarrollo, la guerra, el exterminio de los judíos, lo que sucedió en todos los países conquistados, los juicios posguerra, etcétera, vamos que ocupa varias horas.

Sin embargo, se pasan volando y lo más destacable son las fotografías, muchas conocidas, que provocan un gran impacto y la pregunta de siempre: ¿Cómo fue posible semejante barbaridad? Los alemanes por lo menos se lo preguntan; en otros países que han sufrido dictaduras (obviamente ninguna como esta) el asunto es casi tabú y una exposición de este tipo, inimaginable.

Con cierto retraso sobre el horario habitual, o sea que era muy tarde, buscamos un sitio para tomar algo. En Berlín eso se puede hacer a cualquier hora del día y  un museo anexo, el Martin Gropius,  contaba con una terraza bajos los árboles donde nos tomamos salmón, con una especie de tortilla de repollo, verdura típica de aquí, y una polenta. Rico.



La siguiente etapa fue la Potsdamerplatz, un sitio al que teníamos ganas de ir por la fama que le ha dado el edificio Sony y el conjunto de rascacielos, todos obra de renombrados arquitectos . Justo por medio pasaba también el muro (es increible, aparece por todos lados) y tras la reunificación en esta plaza se han construido unos rascacielos de lo más llamativo, aunque al parecer no tienen nada que ver con la configuración original de la plaza que, casualmente, todos los berlineses, del este y del oeste, consideran como propia ya que en realidad la compartían.

El edificio de arriba se ha diseñado generando en medio una gran plaza cubierta, y en la cúpula cuenta con una especie de toldos, suponemos que para el sol, aparentemente sencillos pero muy complicados de ejecutar, según cuentan las guías. Está lleno de cafeterías, cines y tiendas, sus dimensiones, esta plaza y todo el recinto, son enormes, y merece la pena conocerlo. Es obligado.

En la Potsdamer aparecen también estas tuberías, casi fijas en cualquier sitio donde haya obras en Berlín. Motivo: la ciudad y toda esta zona está asentada sobre áreas pantanosas y a nada que se excave aparece agua. Por eso tienen que drenarla para poder trabajar, y por esta vía la llevan al río.

Estos días también nos hemos acercado al tramo grande del muro que sigue en pie de forma definitiva y que se ha quedado con el nombre de la East Side Gallery. 
 
Allí han aprovechado para que lo diseñen grafiteros y hay dibujos y mensajes de todos los calibres y estilos.
 
Algunos verdaderamente interesantes.




En una zona del muro se ha utilizado también la trasera como exposición de fotos... de otros muros. Alli aparece el construido por Israel en Cisjordania (en la foto) y los de Nicosia (Chipre), Belfast, el de Estados Unidos con México, el existente entre las dos Coreas... y dos de España. 
 
Flipamos al ver uno con una furgoneta de la policía española y era el muro de la frontera de Ceuta. Después aparecía también el de Melilla. Tenemos el dudoso honor de aparecer en este ránking.





Y para desengrasar, visitas a patios, sí, patios. En esta enorme ciudad es habitual que las manzanas de edificios tengan patios interiores pero con vida: portales, tiendas, callejuelas, y que a su vez te lleven a otro patio y muchos con zonas verdes y árboles. 
En el de arriba nos llamó la atención que los vecinos habían decidido huir de la uniformidad en el asunto de los buzones. El siguiente es uno de los más famosos, el Hackesfer Hofe, alicatado en estilo jugendstil y acuden (acudimos) los turistas a verlo. 
 
Nada menos que comunica con otros siete patios y aquí hay grandes cafeterías, teatros y tiendas de nivel. Sin embargo, cuando se construyeron en su interior vivían las familias más pobres que no podían acceder a una vivienda que diera a la calle. También había carbonerías y tenduchos, nada parecido a lo de hoy.



En la entrada, en el suelo, hay unas plaquitas del tamaño de un adoquín que recuerda a personas, judíos con toda seguridad, que vivían allí y fueron deportados a Auschwitz, el campo de los campos de exterminio que pensamos visitar cuando estemos en Polonía.

Muy cerquita, a unos cientos de metros, se erige lo que queda de la que fue la sinagoga central de Berlín, la Neue Sinagoga, construida a mediados del siglo XIX (el propio Bismark acudió a su inauguración) y destruida parcialmente por los nazis en 1938. Ahora es un museo que recrea su historia.

Entrar es sencillo, pero hay que someterse a un detector de metales y pasar por un escáner las pertecencias, como en un aeropuerto. Fuera, y en el patio, hay vigilancia policial permanente, y la puerta y los cristales son blindados. No nos lo explicamos. ¿Habrá nuevos nazis que quieran destruirla por segunda vez? El edificio, lo poco que de él se conserva y en el que no pudimos hacer fotos, es interesante y debió algo así como una catedral para los católicos.